Historia de las ratas

Los animales han sido tradicionalmente utilizados para la realización de pruebas y experimentos para distintos fines. A pesar de la multiplicidad de especiesempleadas con estos fines, existe un animal que ha sido el foco de millones de experimentos, volviéndose un ícono de la investigación: la rata.

Las ratas (Rattus norvegicus), históricamente consideradas como plagas en entornos urbanos debido a su capacidad de adaptación y proliferación en ambientes como campos de siembra y suelos húmedos (tales como alcantarillas o desagües), han sido objeto de utilización masiva en la investigación científica. Este proceso comenzó en el siglo XIX, cuando su comportamiento y similitudes con los humanos fueron aprovechados como justificación para su uso en experimentación. Esta transformación, pasando de seres denigrados y problemáticos a individuos utilizados ampliamente en pro del beneficio humano, revela una relación de dominio que perpetúa la vulnerabilidad de estas criaturas. Hoy se sabe que poseen una inteligencia avanzada, una compleja estructura social y una capacidad de sentir dolor y estrés comparable a la de otros mamíferos.

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Historia y domesticación de las ratas

La rata común (Rattus rattus) tiene su origen en el sudeste asiático y migró hacia el oeste, llegando a toda Europa a través de los barcos que viajaban al sur, donde se reprodujo a gran velocidad. Su derivada evolutiva, la rata noruega o marrón (Rattus norvegicus), fue la primera especie de mamífero domesticada para la investigación científica. El registro más temprano de cría selectiva de ratas albinas y silvestres para experimentación comenzó en Alemania en el año 1877, y en EE. UU. alrededor del año 1890, utilizando especímenes importados de Suiza durante el siglo XIX.

Henry H. Donaldson, reconocido como el "padre" de la rata albina de laboratorio, estandarizó las colonias en 1906 cuando era director del Instituto Wistar en Filadelfia y publicó un informe sobre la rata noruega, sentando las bases para los estudios comparativos. Desde entonces, han sido empleadas y modificadas para crear diferentes cepas destinadas a estudios de neurociencia, toxicología, farmacología y comportamiento en nombre del avance y el conocimiento científico.

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Las cepas más destacadas en el ámbito de la investigación incluyen la Sprague-Dawley, conocida por su crecimiento rápido y alta proliferación, aunque presenta una mayor susceptibilidad a enfermedades respiratorias. La cepa Wistar, o rata albina, se distingue por su resistencia a infecciones y baja incidencia de tumores espontáneos; su docilidad y adaptación a las condiciones del laboratorio han contribuido a convertirla en un modelo popular para diversos estudios. Finalmente, la Long-Evans es la más pequeña de estas cepas y se caracteriza por su distintivo pelaje, que incluye una caperuza negra que se extiende desde la cabeza hasta el cuello.

A pesar de que millones de animales son utilizados cada año en investigaciones, la eficacia de estos métodos ha comenzado a cuestionarse, ya que cerca del 90% de los medicamentos que funcionan en animales fallan en los ensayos clínicos humanos, lo que implica un gasto significativo de tiempo y recursos. Además, el sufrimiento de los animales en estos experimentos y la severidad de algunos estudios es una realidad que preocupa a muchos científicos y activistas.

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Experimentos comunes con ratas

Las ratas son utilizadas en diversos estudios que implican procedimientos invasivos y condiciones extremas. Entre los experimentos más comunes destacan:

  • Inducción de Modelos de Enfermedad: Incluye la creación de modelos de Parkinson, Alzheimer y diabetes mediante la administración de neurotoxinas o manipulación genética.

  • Modelos de Dolor Crónico: Se aplican estímulos nocivos repetitivos, como ligaduras nerviosas o exposición a agentes químicos, para estudiar los mecanismos del dolor y la analgesia.

  • Pruebas de toxicidad cutánea, ocular o inhalatoria: Se utilizan como modelos para evaluar de manera crónica y aguda la respuesta tóxica ante químicos, fármacos, toxinas o nuevos tratamientos.

  • Test del Laberinto de Morris: Diseñado para evaluar la memoria espacial y el aprendizaje, expone a las ratas a un estrés constante al hacerlas nadar repetidamente en busca de una plataforma oculta.

  • Prueba del Tubo Giratorio: Usado en estudios de resistencia física, donde las ratas deben sostenerse en una barra rotatoria hasta caer por agotamiento.

  • Cirugías invasivas: Incluyen ablaciones cerebrales, implantes de electrodos y otras intervenciones para estudiar la neurociencia y el comportamiento.

  • Prueba de evitación pasiva y activa: Se induce miedo y estrés para analizar la memoria y el aprendizaje en animales con predisposición a la ansiedad y la depresión.

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En Europa, entre 2018 y 2022, se usaron 3.596.340 ratas para experimentación, representando el segundo roedor más utilizado. En EE. UU. ni siquiera están consideradas junto con los ratones en el Animal Welfare Act, aun cuando forman parte del 95% de las especies más utilizadas para la investigación. En México, un estudio realizado entre 2015 y 2021 reveló que se usaron al menos 565.134 ratas en investigaciones científicas y educativas, aunque el número real podría ser mucho mayor debido a la falta de registros oficiales. La situación en el resto de Latinoamérica es aún más preocupante; al no existir regulaciones que obliguen a las instituciones a reportar el número de animales utilizados en investigaciones, se carece de datos precisos sobre la cantidad de ratas y otros animales que son sometidos a experimentación cada año. Esta falta de transparencia impide conocer la verdadera magnitud del problema.

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Sintiencia y Nocicepción en Ratas

Estudios han demostrado que las ratas poseen un alto grado de sintiencia, mostrando empatía y respuestas emocionales ante el sufrimiento de sus congéneres. Además, su sistema nervioso es altamente sensible al dolor, con mecanismos de nocicepción similares a los humanos, lo que confirma su capacidad para experimentar sufrimiento físico y emocional; pueden anticipar y evitar el dolor, aprender de experiencias previas y modificar su comportamiento en función de estímulos aversivos.

Asimismo, la investigación ha demostrado que las ratas establecen lazos sociales y pueden experimentar estrés por la pérdida de compañeros, lo que refuerza la idea de que poseen una vida emocional compleja. Estos hallazgos han sido fundamentales para impulsar el refinamiento y enriquecimiento ambiental en condiciones de laboratorio, lo cual se refiere a la provisión de estímulos físicos, sociales y sensoriales que permiten a los animales en cautiverio exhibir comportamientos naturales y mejorar su bienestar. El enriquecimiento social, que incluye la interacción con otros roedores, es vital para su salud psicológica y bienestar general.

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La etología de las ratas también ha experimentado un avance significativo en los últimos años gracias a la integración de la bioacústica y otras disciplinas en el análisis del comportamiento animal en entornos de laboratorio. Históricamente, el estudio se centraba en la observación de conductas evidentes, sin detenerse demasiado en los aspectos acústicos de la comunicación. Actualmente, se reconoce que la comunicación sonora, que abarca señales audibles y ultrasónicas, juega un papel crucial en las interacciones entre ratas, tanto en situaciones de estrés como en comportamientos de cuidado materno. Se enfatiza la importancia de entender cómo estos animales utilizan vocalizaciones imperceptibles para el ser humano con el fin de expresar estados emocionales y responder a estímulos ambientales.

Con el avance de la biotecnología, han surgido modelos alternativos que pueden reemplazar el uso de ratas en la experimentación. Métodos como los cultivos celulares tridimensionales, los organoides, los sistemas de órganos en chip y las simulaciones computacionales (in silico) han demostrado ser eficaces y más representativos de la fisiología humana (Hartung, 2009). La OCDE y organismos como ICCVAM y EURL ECVAM han validado varias de estas metodologías, promoviendo su implementación en la ciencia moderna.

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Desde Te Protejo, te invitamos a comenzar a mirar a las ratas y ratones más allá de los prejuicios que existen sobre ellas y del lugar en que la sociedad las ha posicionado. Estas criaturas son más que un número, más que una plaga, más que un modelo de estudio. Los roedores son seres sintientes que merecen tener una vida libre de crueldad.

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Bibliografía:

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