Historia del cuy: también conocido como conejillo de Indias

En el Día Internacional del Conejillo de Indias, te invitamos a reflexionar sobre su rol en culturas ancestrales y en la ciencia moderna como seres que sienten.

El conejillo de Indias, conocido científicamente como Cavia porcellus, es un roedor originario de América del Sur. Aunque ya no se encuentra en estado salvaje, se cree que desciende de especies como Cavia aperea, Cavia fulgida y Cavia tschudii, que aún habitan en diversas regiones sudamericanas. Estos animales fueron descritos por primera vez por el naturalista suizo Conrad von Gesner en el año 1554. Según el país, se los conoce como cuy, cuyi, cuye, cuyo, jaka, cobayo, cerdo de Guinea o conejillo de Indias.

En cuanto a su comportamiento social, los conejillos de Indias son animales gregarios que viven en pequeños grupos, generalmente conformados por varias hembras, un macho y sus crías. Aunque no construyen madrigueras, suelen refugiarse en las de otros animales o en grietas naturales. Son crepusculares, lo que significa que son más activos durante el amanecer y el anochecer, un comportamiento que les ayuda a evitar el ataque de sus depredadores.

Se estima que la domesticación del conejillo de Indias ocurrió hace aproximadamente 8.000 años en los Andes centrales. Evidencias arqueológicas, como diversas representaciones encontradas en excavaciones, sugieren su uso temprano en la dieta y cultura de las comunidades andinas. Con el tiempo, estos animales se integraron en la medicina popular y en ceremonias religiosas comunitarias (donde fueron usados como sacrificio), y pronto se convirtieron en un componente esencial de la gastronomía de los países andinos, especialmente en Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia.

Imagen por Depositphotos

Normalización como sujeto de prueba

La introducción de los cuyes en la experimentación data del siglo XVII. Fueron utilizados con tanta frecuencia como organismos modelo que el término "conejillo de Indias" se convirtió, históricamente, en sinónimo de sujeto de prueba. Esto refleja una perspectiva especista que considera a estos animales como meros instrumentos al servicio de los humanos, ignorando su individualidad y capacidad de sufrimiento. Aunque en la actualidad han sido en gran medida reemplazados por otros roedores, como ratones y ratas, aún se emplean en investigaciones biomédicas. Su fisiología, vulnerabilidad y susceptibilidad a ciertas enfermedades los hacen muy cotizados para estos estudios; además, son animales muy dóciles que rara vez muerden o arañan, lo que facilita la experimentación en ellos. Entre los experimentos más comunes se encuentran los estudios sobre enfermedades infecciosas, como el herpes, y la evaluación de la eficacia de vacunas y terapias contra la tuberculosis. Debido a su susceptibilidad natural a la Mycobacterium tuberculosis, se utilizan frecuentemente para estudiar la progresión de esta enfermedad y la respuesta inmunológica. En investigaciones auditivas, los conejillos de Indias se utilizan para estudiar la fisiología del oído interno y las patologías asociadas, como la pérdida de audición inducida por ruido o por fármacos ototóxicos. Su anatomía coclear y respuesta auditiva son similares a las humanas, lo que se ha utilizado como justificación para la extrapolación de hallazgos preclínicos. Además, son empleados en investigaciones sobre alteraciones ópticas, en las que se les induce experimentalmente la miopía para investigar los mecanismos subyacentes al desarrollo de errores refractivos y evaluar posibles tratamientos e intervenciones terapéuticas.

En el ámbito de las enfermedades óseas, se usan para estudiar condiciones como la osteoporosis, los fenómenos de la densidad mineral ósea, la microarquitectura y la respuesta a tratamientos farmacológicos en un contexto preclínico. Las deficiencias nutricionales también se han estudiado ampliamente en estos animales, especialmente en relación con la vitamina C. A diferencia de otros roedores, los conejillos de Indias no pueden sintetizar esta vitamina, por lo que son utilizados para investigar los efectos de esta deficiencia y evaluar estrategias de suplementación. Finalmente, en el campo de la reproducción, han sido utilizados para investigar los efectos de diversas sustancias en las anomalías de fertilidad y el desarrollo embrionario. Múltiples estudios han evaluado cómo diferentes compuestos químicos, condiciones ambientales o alimenticias afectan su función reproductiva, proporcionando información que luego se usa para la evaluación de riesgos en humanos.

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Alternativas al uso de conejillos de Indias

En la búsqueda de alternativas al uso de animales en experimentación, grupos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Comité Internacional para la Validación de Métodos Alternativos (ICCVAM) han desarrollado y validado métodos que reemplazan o reducen la necesidad de animales en pruebas de laboratorio. En este sentido, se han implementado modelos in vitro y sistemas computacionales (in silico) para evaluar la seguridad de productos químicos y cosméticos, disminuyendo así la dependencia de animales en estos ensayos. Es fundamental reconsiderar la percepción de los conejillos de Indias como meros sujetos de prueba y reconocer que el lenguaje influye en nuestras actitudes hacia otras especies. Al emplear la expresión "conejillo de Indias" para describir a cualquier individuo sometido a pruebas, perpetuamos una mentalidad que justifica la explotación animal. Por ello, se han propuesto nuevas expresiones menos especialistas, como “tubos de ensayo” o “placas de Petri”, para referirse a los modelos de prueba, lo que poco a poco induce al respeto hacia estas especies explotadas durante tanto tiempo.

Cuestionar y modificar este tipo de términos es un paso hacia una mayor conciencia y respeto por los derechos de los animales, promoviendo una relación más ética y equitativa entre humanos y otras especies. Estos roedores poseen comportamientos sociales complejos y han sido parte integral de diversas culturas a lo largo de la historia, cumpliendo su rol ecosistémico como todos los seres vivos. Promover una visión que valore su bienestar y busque alternativas éticas en la investigación científica dará lugar a prácticas más responsables y compasivas. En países como Perú, miles de cuyes aún son sometidos a pruebas dolorosas e innecesarias para testear cosméticos. ¡Firma la petición en este link y ayúdanos a poner fin al testeo cosmético en animales en el  Perú!

Bibliografía

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