¿Qué es la ecoansiedad y cómo enfrentarla?
El calentamiento global ha sido un foco de preocupación constante que, con el paso de los años, ha ido en aumento a medida que sus impactos son cada vez más evidentes. El aumento de las temperaturas y la intensificación de los desastres naturales no solo han generado múltiples consecuencias en el medio ambiente, sino también en el ámbito social.
El consumo frecuente de noticias relacionadas con el maltrato y la explotación animal, las catástrofes ambientales y las consecuencias que estas provocan en los ecosistemas y las comunidades, puede generar sentimientos de preocupación o angustia. Cuando estas emociones se intensifican y comienzan a afectar el bienestar cotidiano, pueden derivar en lo que expertos denominan “ecoansiedad”.
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La Asociación Americana de Psicología (APA) define la ecoansiedad como un “temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental que surge al observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático y la preocupación asociada por el futuro propio y el de las próximas generaciones”. En otras palabras, se trata de un estrés persistente vinculado a la crisis climática y sus consecuencias.
Dicho organismo, señala que las emociones más frecuentes asociadas a este fenómeno son la tristeza, la ansiedad, la rabia, la culpa y la impotencia, especialmente cuando surge la sensación de que no es posible generar cambios significativos.
En Chile, un estudio realizado por Greenpeace en 2023 evidenció altos niveles de preocupación frente al cambio climático. La encuesta, respondida por 450 personas, arrojó que cerca del 90% de los encuestados manifestó una preocupación significativa por sus efectos. Entre los fenómenos socioambientales que generan mayor inquietud se encuentra la crisis hídrica (41,3%), seguida por el derretimiento de glaciares (14,2%), la sequía prolongada (10,9%) y los incendios forestales (8,4%).
Asimismo, un estudio publicado en 2021 en la revista científica The Lancet Planetary Health encuestó a 10.000 personas jóvenes de entre 16 y 25 años en diez países (Australia, Brasil, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Filipinas, Portugal, Reino Unido y Estados Unidos). La investigación reveló que más del 45% señaló que sus sentimientos frente al cambio climático afectan negativamente su vida diaria, y un 75% manifestó sentirse atemorizado respecto al futuro.
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¿Qué acciones tomar para lidiar con la ecoansiedad?
En primera instancia, Rodolfo Sapiains, académico del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), destaca la importancia de la forma en que los medios de comunicación transmiten la información sobre el cambio climático.
En este sentido, señala que, además de informar sobre los problemas asociados a la crisis climática, los medios también deberían visibilizar soluciones y acciones concretas. Comunicar qué pueden hacer las personas, las empresas y las autoridades contribuye a fortalecer la sensación de agencia y reducir la percepción de impotencia frente a esta problemática ambiental.
De igual manera, existen otras estrategias para gestionar la ecoansiedad que están al alcance de las personas que experimentan este tipo de emociones. La angustia o la preocupación pueden ser respuestas comprensibles frente a la crisis climática y, según la investigadora y psicoterapeuta Caroline Hickman, hablar sobre estos sentimientos y reconocerlos como válidos constituye un primer paso para poder procesarlos.
Sumado a ello, los hábitos personales también cumplen un rol relevante frente a este fenómeno. Por ejemplo, optar por una alimentación basada en plantas puede disminuir significativamente el impacto ambiental, ya que contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como la acidificación, la eutrofización y el uso intensivo de agua y suelo.
Un estudio publicado en 2025 en JAMA Network Open encontró que una alimentación basada en plantas puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la dieta en torno a un 51 % en comparación con una dieta típica estadounidense, así como disminuir la demanda energética asociada al sistema alimentario.
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De igual manera, la gestión adecuada de residuos, incluido el reciclaje, contribuye a disminuir la contaminación y el uso de recursos naturales. Según organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), fortalecer los sistemas de reciclaje permite reducir la extracción de materias primas, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la producción de nuevos materiales y mitigar la contaminación generada por vertederos a cielo abierto, entre otros impactos.
Los vertederos a cielo abierto también albergan residuos provenientes de la industria textil, lo que evidencia otro problema que es posible mitigar, el impacto de la moda. El sobreconsumo de ropa no solo afecta la extracción de materias primas, sino también el uso intensivo de suelo y agua. Además, según el Parlamento Europeo, la industria textil es responsable de aproximadamente el 20% de la contaminación mundial del agua potable debido a los procesos de tintura, los acabados y la liberación de microplásticos en cada lavado.
Para no seguir profundizando este impacto, es posible optar por prendas elaboradas con materiales resistentes y de mayor durabilidad. Asimismo, comprar ropa de segunda mano permite extender la vida útil de prendas que aún se encuentran en buen estado, reduciendo la generación de residuos y la demanda de nueva producción.
La experimentación en animales para la industria cosmética genera un profundo impacto en sus vidas, ya que son utilizados en laboratorios y expuestos a químicos y sustancias potencialmente nocivas para su salud. En este contexto, las personas consumidoras cumplen un rol clave en el mercado, dado que sus decisiones de compra pueden respaldar prácticas que perpetúan estos procedimientos o, por el contrario, promover alternativas más éticas y sostenibles.
Por ello, al preferir productos certificados como libres de crueldad se contribuye a reducir la demanda de experimentación en animales en la industria cosmética. Además, esta elección impulsa un mercado más consciente, que promueve prácticas respetuosas con otros seres sintientes y busca generar un impacto positivo en el entorno.
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Las acciones mencionadas no sólo ayudan a lidiar con la ecoansiedad que a tantos aqueja, ya que también ayuda a generar cambios ante la crisis medioambiental. Sensibilizar, transformar y actuar ante el escenario climático global es esencial para sanar, aunque sea un poco, el daño hecho por los humanos.
Te recordamos que, pese a que la crisis climática se sienta más grande que nosotros, nuestros actos también pueden crear cambios y tener un impacto positivo tanto en nuestro presente como futuro. Reciclemos y optemos por una alimentación basada en plantas, por compras conscientes y por productos libres de crueldad. Así, además de reducir nuestra huella de carbono, salvamos vidas de otros seres sintientes y la del planeta. ¡Aún estamos a tiempo!
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