¿Los animales tienen conciencia?
Históricamente, la inteligencia y sintiencia de los animales han sido objeto de un profundo debate. A lo largo de los siglos, la interrogante sobre si las especies no humanas son capaces de sentir y pensar ha evolucionado de manera significativa, atravesando diversas posturas filosóficas y científicas.
En la antigüedad, para filósofos como Aristóteles, los animales estaban privados de razón, siendo esta carencia la principal diferencia con los seres humanos. Siglos más tarde, René Descartes comparó a las especies con máquinas, argumentando que carecían de la capacidad de sentir dolor, comunicarse o experimentar emociones. Por el contrario, pensadores como Voltaire sostenían que los animales poseían grandes similitudes con los humanos, siendo ambos capaces de sentir placer, ansiedad o sufrimiento. En esta misma línea, Jeremy Bentham formuló la célebre premisa: “La pregunta sobre los animales no es si pueden razonar, o si pueden hablar, sino si pueden sufrir”. Posteriormente, Charles Darwin reforzaría esta visión al afirmar que “no existe ninguna diferencia fundamental entre el hombre y los mamíferos mayores en cuanto a sus facultades mentales… la diferencia mental entre el hombre y los animales mayores… es ciertamente de grado y no de clase”.
La Declaración de Cambridge
Con el tiempo, un número creciente de filósofos y científicos adoptó la idea de que los animales poseen conciencia. Este cambio de paradigma se consolidó de manera oficial en julio de 2012 con la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia. En este histórico documento, destacados especialistas en neurociencias concluyeron lo siguiente: “De la ausencia del neocórtex no parece concluirse que un organismo no experimente estados afectivos. Las evidencias convergentes indican que los animales no humanos tienen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados de la conciencia junto con la capacidad de exhibir conductas intencionales. Consecuentemente, el grueso de la evidencia indica que los humanos no somos los únicos en poseer la base neurológica que da lugar a la conciencia. Los animales no humanos, incluyendo a todos los mamíferos y pájaros, y otras muchas criaturas, incluyendo a los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos”.
Este decreto fue fundamental para establecer un consenso científico respecto a que diversas especies poseen las características anatómicas, psicológicas y funcionales necesarias para ser consideradas seres conscientes. A partir de este momento, el debate se transformó: la incógnita dejó de ser si los animales tienen conciencia, para centrarse en la existencia de diferentes grados de la misma entre las especies.
Dimensiones de la conciencia animal
Aunque todavía no existe un consenso absoluto sobre todas las implicancias de la conciencia y su gradación exacta, los expertos destacan distintas dimensiones sobre cómo los animales perciben su entorno y a sí mismos:
Sensibilidad: Es la capacidad que permite experimentar estados como el dolor, el miedo, la ansiedad, el placer o el afecto. La evidencia científica demuestra que, al menos en los vertebrados, estas capacidades existen y pueden ser evaluadas rigurosamente mediante el estudio de sus receptores biológicos.
Evaluación de las experiencias: Consiste en la capacidad de procesar vivencias previas para el aprendizaje y la toma de decisiones. Un ejemplo claro se observa en los organismos que esconden su alimento y logran recordar la ubicación exacta posteriormente, evaluando y adaptando su conducta frente a experiencias pasadas que resultaron negativas o positivas.
Conciencia sobre sí mismos: Es una de las dimensiones más complejas y donde se aprecian mayores variaciones en los resultados científicos. Para comprobar si un animal posee autoconciencia, la evaluación estándar es la "prueba del espejo". Esta consiste en colocar una marca visible en el cuerpo del individuo y ubicarlo frente a una superficie reflectante; si el animal intenta tocar la marca en su propio cuerpo, en lugar de interactuar con el reflejo como si fuera otro individuo, se interpreta como una señal de autopercepción. Se ha documentado éxito en esta prueba en especies como chimpancés, delfines, elefantes, urracas e, incluso, en ciertos tipos de peces.
El estudio de la cognición animal continúa siendo un campo de investigación sumamente activo. Los avances desarrollados hasta la fecha sugieren una evolución progresiva hacia una comprensión más profunda e integradora de las demás especies, promoviendo así un trato más ético y respetuoso hacia todos los seres vivos con los que se cohabita en el planeta.
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Bibliografía:
Birch, J., Schnell, A. K., & Clayton, N. S. (2020). Dimensions of Animal Consciousness. Trends in Cognitive Sciences, 24(10), 789–801.
The Cambridge Declaration on Consciousness (2012).
Gutiérrez-Luna, V., & Reyes-Juárez, J. (2021). ¿Hay realmente inteligencia animal? Una revisión filosófica. Sincronía, 80, 225-247.

